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La lectura es el viaje de todos aquellos que no pueden tomar el tren. Francis de Croisset

¡Sant Jordi se adelanta!

viernes, 15 de abril de 2011

Hola cocteleros!!

Como ya sabéis, en Barcelona se celebra el 23 de Abril la diada de Sant Jordi, pero, como cae en semana la santa, los institutos, o al menos el mío, celebraban hoy Sant Jordi.

El día, comenzaba como cualquier otro de la semana, ya que teniamos que ir a clase igual, pero luego, cuando ha llegado el momento de repartir los premios en las categorias: carteles, puntos de libro, narrativa A, B, C; poesía A, B, C y lenguas extrangeras A, B, C.
  • A: primero y segundo de la ESO
  • B: tercero y cuarto de la ESO
  • C: primero y segundo de Bachillerato.
...Me he llevado una sorpresa.

¡He ganado el 1r premio en Narrativa de la categoría C! Y, ¡no solo eso! sino que...¡Me han seleccionado para los premios que reparte el ayuntamiento esta tarde! Así que estoy muy emocionada. ^^


Así que ahora ya la puedo compartir con vosotros, ¡espero que os guste!


FANTASÍA: CONCIERTO DE PIANO PARA VIOLÍN


Las clases empezaban de nuevo, ya había llegado septiembre, pero aún así, se podía disfrutar de una agradable brisa y de los últimos rayos de sol de verano.
Durante las vacaciones, mi vida había cambiado drásticamente. Mis padres sufrieron un accidente de coche y no se les pudo salvar, así que, como única tutora legal sobre mí estaba mi tía Begoña así que no me quedo otra que trasladarme e irme a vivir con ella, bueno claro, y mi hermana detrás, por supuesto.
Mi tía es profesora en un colegio que se divide en el departamento general y en el departamento de música. Los alumnos del departamento general estudian las asignaturas comunes que puedes encontrar en cualquier colegio, pero, los alumnos del departamento de música, aparte de las asignaturas básicas, estudian todo lo relacionado con la música ya que después de cursar los duros cursos sobre esta materia que ofrece el colegio, el noventa por ciento acaba siendo colocado en alguna orquestra o como músico solista de prestigio o bien, siguen sus estudios de música en la universidad de la misma escuela.
Y, por cosas de la vida, mi tía me había colocado en el departamento de música. Lo cual no me gustaba nada. Yo quería estudiar periodismo, pero ella insistió en que tenía que potenciar mi “talento” con el violín. Un violín que me dejo de gustar cuando me enteré de que mi familia posee magia, pero solo pueden usarla a través de un instrumento musical. El violín que tengo me lo regalo mi abuelo en mi sexto cumpleaños y, hasta los catorce, estuve tocándolo con ganas y aprendiendo día a día. Pero acabe por darme cuenta, de que estaba evolucionando mucho más rápido que el resto de los niños de mi edad que habían empezado a tocar el violín, también, a una edad temprana. Así que un día, estando en la escuela de música, cogí un violín cualquiera y, cuando lo toque, el sonido parecía el de unos caracoles arrastrándose o como si alguien arrastrara clavos sobre una pizarra. Un sonido muy desagradable.

Así fue como a mi familia no le quedo otra que contarme la verdad. Que en realidad yo no sabía tocar el violín, sino que solo podía tocarlo gracias al poder que residía en mí. Todo el esfuerzo que creía que había hecho no era más que una farsa y los premios que habían ganado, no eran más que pura fachada. Así fue como deje de tocar el violín de la noche a la mañana porque no podía soportar pensar que aquello a lo que le había dado mi vida, en realidad, no significaba nada.
Lo malo es que la última voluntad de mis padres fue que yo volviera a tocar el violín y mi tía se ha encargado de que así fuese. Y es más, ahora estoy en el pasillo siguiendo al director que me llevara a mi aula de clase.
La escuela es muy bonita, combina el estilo barraco y renacentista de la fachada con la modernidad y el confort del interior. Me han enseñado las aulas de música antes y están realmente equipadas, da igual por donde lo mire: se nota que es una escuela de música de élite.

Nos paramos en seco. El directo puso la mano en el pomo de la puerta del aula y empezó a girarlo. Tragué en seco y cerró los ojos e, inconsciente, repetí: “No hay nada como estar en casa, no hay nada como estar en casa…” dando un pequeño toque final de talones como Dorita en el Mago de oz, pero nada. No funciono. La puerta fue abierta y me encontré delante de unos forofos de la música, mirándome con diferentes caras: con una sonrisa, con curiosidad, con superioridad e incluso con… ¿asco?
En fin, que importa.

Me sentaron al final del todo, al lado de la ventana que justamente daba al jardín. Un jardín plagado de Gardenias, mis flores favoritas.
Pronto acabo la clase y varios compañeros se me acercaron curiosos. Por lo que se ve, mi tía se había encargado de informar a toda la escuela sobre mi pasado sobre los escenarios de concursos tocando el violín. Todos sabían que los Larsson teníamos una larga tradición que venía de generaciones atrás sobre los instrumentos, que todos acababan siendo grandes y reconocidos compositores de música. Salvo mi tía, que ignoro a la fama y se centró en enseñar a otros la historia de la música. Si, es profesora de música, pero de la materia de Historia de la música. No toca instrumentos, porque no sabe. Pero a los más pequeños les toca el piano, su especialidad, y ellos la acompañan cantando.

Salí al jardín, los compañeros me agobiaban: “Toca una pieza con el violín.” Todos decían lo mismo y yo a todos les respondía lo mismo: “Lo siento chicos, hoy no me encuentro demasiado bien”. Respondía de la mejor manera posible, pero daban ganas de decirles que se fueran a tomar vientos. Pero mi tía me hizo prometerle que no le contestaría a nadie de mala gana. Así que me metí por la mañana una dosis de sonrisas falsa en la mochila y para la escuela.
- ¿Erica? – me giré al oír mi nombre y me encontré con un chico de cabello alborotado y castaño con unos increíbles ojos verdes mirándome. – Eres Erica Larsson, ¿verdad?
Asentí con la cabeza en respuesta a su pregunta y seguí mirándole, tenía una sonrisa preciosa.
- ¡Genial! Debes de ser fantástica tocando el violín. ¡Oye! ¿Te gustaría apuntarte a nuestro club?
- ¿A un club? – pregunté extrañada.
- No la agobies tanto Izan. – una voz calmada sonó de arriba. Si, de arriba. Cuando miramos Izan, el chico de cabello alborotado, y yo hacia arriba nos encontramos con un chico sobre una rama imitando al gato de Alicia en el país de las maravillas con esa sonrisa de media luna y dientes de un blanco perlado. Con un cabello rizado que le caía hasta los hombros y una piel bronceada. – La vas a asustar.
- Claro, perdóname Erica. – se disculpó Izan poniendo una de sus mano en la cabeza, algo más arriba de la nuca.
Estuvimos hablando sobre cosas triviales, notaron que no me hacía mucha gracia hablar de música. Lo que me hizo sentir bastante mal. No quería que nadie lo supiese.
- ¡Oye, Erica! ¿Te apetece venir a un concierto esta noche? ¡Será brutal! E irán muchos de clase. ¿Te apuntas?
Genial. Simplemente genial.
Me cambian de colegio y unos chicos súper guapos y amigables me invitan a un concierto que promete ser la caña, pero claro, la pringada de turno, o sea: yo. Esta castigada porque le di un empujón, (¡QUE NO LLEGA NI A ESO! Realmente fue un empujoncito), a mi hermana pequeña cuando se empeñaba en entrar conmigo en el baño. ¿Es que no sabe lo que es la privacidad? Lo peor o, ¡lo mejor de todo! Es que yo me he ganado un santo castigo volviendo pronto a casa y sin salir durante un mes mientras que ella se ha ganado unas caricias en esa cabecita suya de parte de mi tía y unas galletas caseras rellenas de chocolate. ¡Mis preferidas!
- Pues… no creo que vaya a poder.

De Elena Dudina (DeviantArt)
Vi la cara de decepción en los ojos de Izan y la cara de: “No me lo creo” de Richy, el otro chico. Pero gracias al cielo sonó el timbre y tuvimos que volver a clase ¡salvada por la campana!, y nunca mejor dicho.
Después de eso, no volví a hablar con ellos. Me fui en silencio hasta la que ahora era mi casa, en un barrio con encanto. No era exactamente el barrio francés de Nueva Orleans, pero me encantaba el olor a limón y canela de las flores que estaban al otro lado de la verja de los jardines que guardaban las casas de tejas rocas y de fachadas blancas recién pintadas del otro lado.
Cuando llegué, me encerré en mi habitación y deseé con todas mis fuerzas que el día se acabara y llegará de nuevo una nueva mañana.

El atardecer daba paso a la noche, a una noche en la que volvía a sentirme sola. Sabía que el primer día de curso era my importante, pero por mi comportamiento y por mi odio a la música, lo había echado todo a perder.
Me acerqué a la ventana e intenté encontrar una respuesta en la Luna. Parece una locura, pero en los cuentos de hada ocurren cosas como esa y es gratis soñar, de momento.
Y tan real que parecía. ¿Por qué me parecía que estaba Izan esperando abajo? Y, si era así… ¿que tenía delante? Entonces las voces de mis pensamientos fueron calladas cuando empezó a tocar el órgano eléctrico, que era el objeto que tenía delante. Una canción que yo conocía muy bien. Era “fantasía” de Chopin. Parecía que las notas de su teclado se colaban por las rendijas de mi ventana que permanecía cerrada y me invitaban a seguir escuchándola. Abrí la ventana casi con desesperación para dejar entrar la melodía que acabo inundando mi cabeza. Siempre había pensado que esta canción era idónea para contestar a alguien cuando te preguntan: ¿En qué crees? Pues esta canción parece recitar ese algo en lo que creer.

Y, como si realmente de mí saliera una fuerza, una luz que salió de mi corazón fue a parar como un haz de luz al violín y, poco a poco, fue elevándolo, sacándolo del estuche y haciéndolo levitar hasta mí. Cuando llegó frente de mí, lo sostuve y me sorprendí cuando lo cogí con firmeza, sin titubear como años atrás. Entonces, como cientos y miles de veces antes, solo con poner la barbilla sobre la mentonera, mis dedos se movieron sobre sus cuerdas y, en especial me fijé en una que aún seguía allí, la “corda d’oro” como la llamaba mi abuelo, que era Italiano. Sin preámbulos, el arco que sostenía con la mano izquierda empezó a tocar a son del compás que había marcado Izan.
Como en las leyendas y cuentos de hadas, tocamos hasta el amanecer e hicimos estremecer el corazón de la naturaleza y la luna nos hizo los honores de brillar como nunca esa noche, levantando pequeñas burbujas de una luz intensa, pero suave, alrededor nuestro como si fuesen pequeñas luciérnagas.

Era pura fantasía, un concierto de piano para violín.


8 pétalo(os):

Leyna dijo...

¡Enhorabuenaaaaaaaaaaaaaa! *O*

Tatty dijo...

Felicidades!!

Margari dijo...

¡Muchas felicidades! Y no me extraña que ganaras, precioso el relato.
Besotes!!!

Lissy dijo...

oh felicidades..!!
que bonito relato..(^_^)
a ver si tengo tanta suerte como tu en el concurso de mi instituto XD..
besos:))

maryn dijo...

Hermoso el relato y felicidades por el premio, bay.

Merielle Louser dijo...

Muchísimas gracias a todas. Me alegro de que os haya gustado:D

Gnomish dijo...

Muchas felicidades Merielle!
Espero que tengas la misma suerte ahora!


Un beso!

Gnomish dijo...

p.d: Me encanta el título del relato, muy acertado

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